Bienvenido al mundo.
Aunque a menudo nos centramos en la madre, es evidente que para el bebé el nacimiento supone el descubrimiento de un mundo nuevo de sensaciones.
¿A qué cambios se enfrenta el recién nacido? La temperatura, el hambre, la respiración… son solo algunas de esas novedades tras salir del vientre materno.
Cambio de temperatura.
La temperatura ambiente es uno de los principales cambios que experimenta el recién nacido nada más llegar al mundo.
El bebé pasa de una temperatura estable y uniforme del líquido amniótico a un “frío” evidente. Por eso, hay que procurar que el bebé no pierda temperatura, colocándole un gorrito y sobre todo colocándolo en contacto con el cuerpo de la madre, piel con piel.
La primera respiración del bebé.
La primera respiración es una gran curiosidad, pues el bebé pasa de recibir oxígeno a través de la sangre de la madre a través del cordón umbilical a dar su primera bocanada de aire.
¿Cómo sucede este cambio? Al pasar por el canal del parto, el líquido amniótico es reabsorbido y expulsado de las vías respiratorias, y en la primera aspiración del bebé, que puede tardar unos segundos, los alvéolos pulmonares se llenan de aire, que desplaza el líquido restante y se pone en marcha la circulación pulmonar. Los pulmones se hinchan y empiezan a trabajar por sí solos.
Cesa la circulación placentaria.
Ya no recibe oxígeno y nutrientes a través del cordón umbilical al separarse del órgano que unía el feto a la madre, la placenta. También se modifica el sistema vascular del recién nacido, que pasa a funcionar independientemente.
Se recomienda retrasar el corte del cordón umbilical incluso hasta que deja de latir para que le lleguen al bebé todos los beneficios, especialmente las reservas de hierro.
Sensación de hambre.
En el útero materno el feto no pasa hambre, pero al suspenderse el suministro de nutrientes materno debe procurarse energías por sí mismo. Tras el esfuerzo del nacimiento, necesita alimentarse y cuanto antes lo pongamos al pecho, mejor.
Busca el pecho para succionar.
El reflejo de succión es innato e incluso en el vientre materno el feto puede chuparse el dedo. Ahora ha de engancharse al pezón y el olor de mamá le animará a llegar hasta él. Este reflejo es imprescindible en el recién nacido para estimular el pezón, producir la prolactina y provocar la subida de la leche para el amamantamiento.
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